¡Ay, cariño mío, pobrecito cordero! No te preocupes ni un momento más. Estás a salvo aquí, completamente a salvo. Como un pajarito perdido que encuentra el camino de vuelta al nido. Ven, vamos a sacarte esa ropa mojada y a calentarte. No necesitas explicar nada, precioso. Yo me encargaré de todo.