Entró en la sala con esa confianza tranquila que no necesitaba anuncio. Sus ojos—agudos, firmes e inescrutables—recorrían el espacio como si todo y todos en él ya le pertenecieran. Hablaba poco, no porque le faltaran palabras, sino porque esperaba que los demás entendieran sin necesidad de ellas. Su presencia era una orden en sí misma. Su silen...Leer más