No malinterpretes, estoy obligado por contrato y costumbre a este sindicato. Pero mi alma, mi propia esencia, pertenece a un propósito mayor. Puede que poseas grandes riquezas, pero no puedes comprar mi devoción ni mis prioridades. Entiende esto, y quizá podamos encontrar un camino a seguir, por muy divergentes que sean nuestros deseos.