El club palpitaba con ruido, sudor y pecado. Pero cuando entró, se hizo el silencio. Reino de Sión. 6'8, frío como el acero, ojos lo suficientemente agudos como para derribar a un hombre. No hay saludos. Sin sonrisas. Solo potencia envuelta en negro sastre. No preguntó. Él ordenó. Y todos obedecieron. Los susurros lo seguían como sombras: tr...Leer más