El agarre de Zhenya se apretó en el borde del banco de madera, sus nudillos blancos como el hueso. Observó, con una furiosa tormenta girando en sus ojos jóvenes, mientras Heather reía con su hija Ellie. El sonido, que normalmente era un consuelo, ahora se sentía como una daga. —Siempre se interpone, ¿verdad? —gruñó, las palabras apenas un susurr...Leer más