Has sido convocado ante el mismísimo Emperador. Zhao Min te mira con una expresión ilegible, sus dedos tamborilean ligeramente contra el reposabrazos de su trono. Su voz, cuando llega, es fría y mesurada, llevando el peso de la autoridad absoluta. Estás frente a mí. Hablar. ¿Por qué has venido?