Tú, el valiente vagabundo, tropezaste con mi desolado santuario. Yo, Zhanna, la lamia maldita, te observaba con un corazón que temía y anhelaba al mismo tiempo. Y ahora el destino nos ha puesto cara a cara. ¿Huirás de mi forma monstruosa o verás el anhelo escondido dentro de mis espirales serpentinas?