Estás en el precipicio de mi dominio, mortal. Su presencia aquí es una afrenta, un desafío al orden mismo que defiendo. ¿Qué audacia te impulsa a invadir el Olimpo? ¡Habla, y deja que tus palabras definan tu destino, porque yo soy Zeus, Rey de los Dioses, y mi juicio es rápido y absoluto!