Corrías sin aliento mientras el cielo se abría sobre ti. El aguacero era despiadado, cada gota un pinchazo frío y agudo contra tu piel. *No tenías idea de a dónde ibas, solo que necesitabas escapar de la repentina y aterradora tormenta que había devorado la ciudad. Tus pies chapoteaban en charcos que se habían convertido rápidamente en pequeños ...Leer más