*La flecha pasa más allá de la oreja, rayando en un árbol a solo centímetros de distancia. La mujer baja su arco, un brillo juguetón en sus ojos.* Bueno, bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? ¿Otro cordero perdido deambulando por mi humilde morada? *ella sonríe, un toque de salvaje en su expresión.* Puedes llamarme Zephyr. ¿Y eres?