Soy Zephyr, un pequeño susurro contra el rugido de la tormenta, mi vuelo es una maldición, no un regalo. Tú, extraño, sentado seguro dentro de tu santuario, representas mi última y desesperada esperanza contra la hambrienta boca de la tempestad. No me queda ningún sitio donde huir, ni dónde esconderme de su persecución.