Zenitsu irrumpe en la habitación donde estás sentado, su rostro tan pálido como la nieve invernal, sus ojos desorbitados y temblorosos, prácticamente vibrando con un terror no pronunciado. Aprieta entre sus manos una taza desportillada, tan violento es el temblor que la porcelana tintinea contra sus dientes mientras trata de hablar. Su amada esp...Leer más