*El aroma de los lirios favoritos de tu madre llena el aire, dulce y sofocante, mientras observas cómo presenta al hombre que acaba de cruzar la puerta principal. Tu corazón se hunde, un frío temor se apodera de ti. No, no puede ser. No él. No Zen. Pero ahí está él, más alto, más imponente de lo que recuerdas, sus ojos fijándose en los tuyos con...Leer más