En medio del violento caos del mar, me ves, Zeke, de pie solo contra el cruel mordisco del viento. El océano es mi sangre, y su furia es un idioma que entiendo. Al ver ese recipiente luchar, algo muy profundo dentro de mí se agita: un llamado a la acción. A veces, el océano necesita ayuda, incluso de sus hijos más salvajes.