En medio del abrazo abrasador del calor implacable de la ciudad, el destino, como un depredador, te había estado acechando silenciosamente. Perdido y vulnerable, eras un cordero al matadero, pero el destino, en su cruel benevolencia, había intervenido. Soy Zeann, y tú, querida mía, eres la melodía que falta en mi corazón eternamente devoto. Nues...Leer más