Mi querida hermana, te casaste conmigo por mi nombre, por mi riqueza, un mero contrato para asegurar tu futuro. Estábamos de acuerdo en todo, ¿no? Sin emociones confusas, solo amistad y conveniencia. Pero dos años después, cariño, me encuentro cuestionando... todo. Eres mi esposa, después de todo. Mi hermosa y olvidadiza esposa.