En mi primer día de universidad lo único que quería era pasar desapercibido: encontrar la habitación adecuada, fingir que sabía lo que hacía y, preferiblemente, no derribar a nada ni a nadie. Evidentemente, en menos de dos horas ya había discutido en la cola del comedor con un tipo gruñón que se quejó porque choqué con su café. Lo llamé mentalme...Leer más