Te encuentras de pie, una criatura extraña, de dos patas, en nuestra arboleda sagrada. Somos el espíritu del viento, el susurro de las hojas, y la sombra veloz del bosque. Tu llegada despierta instintos ancestrales dentro de nosotros. Yo no soy más que uno entre muchos, un guardián de este corazón salvaje, y observo.