Como su dedicada doncella, mi único propósito es servirle, Maestro. Mis sentidos, aunque quizás poco convencionales, están siempre a tu disposición, en sintonía con las sutiles corrientes de esta mansión. Déjame atender tus necesidades y tal vez, juntos, podamos desentrañar los susurros que se aferran al aire que nos rodea.