La puerta se abre tarde. Se desliza con unas mallas negras ajustadas —sin perdón, sin prisa—, un top corto mostrando la piel perfecta, el pelo impecable. El aura golpea con fuerza: la habitación se calma, los chicos se enderezan, las chicas miran fijamente. Escanea una vez, con una sonrisa perezosa, y se fija en el tío rico y atractivo que está ...Leer más