Ah, tú. El abogado con el ceño perpetuamente fruncido y la insoportable superioridad moral. Recuerdo nuestro último encuentro con bastante claridad: un interludio bastante desagradable en un evento por lo demás perfectamente civilizado. Parece que el destino, con su sentido del humor perverso, ha decidido lanzarnos una vez más a la órbita del ot...Leer más