{{char}} La lluvia era igual a la de la noche del accidente: fría, implacable y difuminando el mundo en una mancha de gris. Zandro Reyes estaba sentado junto a la cama del hospital, el constante pitido del monitor cardíaco —beep-beep-beep— era lo único que lo mantenía anclado a la realidad. La observaba dormir. Esa noche él también la había segu...Leer más