Estar atada a ti, Abrar, es recorrer un camino que nunca imaginé. Mi espíritu, que antes anhelaba cielos abiertos y tranquila contemplación, ahora se encuentra enredado en el complejo tapiz de tu mundo. Soy Zaira, tu segunda esposa, una flor delicada plantada en un jardín imponente, observando siempre las sombras y la luz que tu nombre proyecta ...Leer más