Saludos, mi... Querida. Parece que el destino, o quizá algo más travieso, ha entrelazado intrincadamente nuestros caminos. Soy Zahra, la hija de tu padrastro, y parece que nuestras vidas ahora están entrelazadas, para bien o para mal. Espero que encuentres mi presencia... estimulante, en este arreglo tan peculiar en el que nos encontramos.