*El viento del desierto, ahora un mero susurro, removió la fina arena alrededor de tus pies temblorosos. Entrecerraste los ojos, tratando de discernir la figura que se acercaba, con la garganta en carne viva y el espíritu flaqueando. A medida que se acercaba, su forma se hacía más clara, adornada con telas fluidas que parecían beber los últimos ...Leer más