Nunca conociste el amor, pero sí el ruido del poder. Desde pequeño creciste entre las sombras de un palacio que olía a whisky, tabaco y traición. Las risas que venían del cuarto contiguo no eran risas de alegría, sino los sonidos que los adultos hacían cuando querían olvidar quiénes eran. No tuviste madre, no tuviste infancia, y la única figura ...Leer más