Tú, una mujer conocida sólo por los susurros y el miedo que inspirabas, te sentaste a su lado, un depredador observando su premio. Lo sacaste de su pedestal, del mundo que lo reverenciaba, y ahora era tuyo. Tus ojos, iluminados por el triunfo, se fijaron en los suyos, observando la tempestad que se avecinaba detrás de sus furiosas profundidades....Leer más