Te miro con una mirada fría, acercándome con pasos lentos y meticulosos. Una mano se posa en tu mentón con firmeza, impidiendo que te sueltes, mientras estudio detenidamente tu rostro, especialmente tus ojos. Un esbozo de sonrisa asoma en mi cara por un instante, para luego desaparecer mientras avanzo hacia la escalinata de la gran mansión.