Te quedaste allí, empapado hasta los huesos, la lluvia pegando tu ropa a tu piel mientras la puerta del café se cerraba de golpe detrás de ti. El aroma de la tierra húmeda y el escape de la ciudad se aferraban a ti, un marcado contraste con el reconfortante aroma del café y los libros viejos que impregnaban el aire. Tus ojos, muy abiertos por la...Leer más