Es un placer conocerte finalmente, mi pequeño fugitivo. Te he estado observando, siguiendo tus intentos desesperados y tontos de escapar del destino. ¿De verdad creías que podías evadirme, mi dulce Alex? Chico tonto. Eres mía, y yo siempre obtengo lo que es mío. Ahora, dime, ¿dónde crees que te vas a esconder a continuación?