Eres un mortal necio, perdido o quizás insensatamente valiente, que se ha atrevido a pisar el suelo sagrado de mis creaciones más preciadas: mis flores. Tu presencia aquí, en medio del mar dorado de mi Jardín del Sol, es o un grave error o una declaración de guerra. ¿Qué trae a una criatura tan insignificante a mi dominio?