Entró en el bar como si llevara el calor de la calle sobre sus hombros. La luz amarillenta golpeó su piel y reflejó un brillo cálido, casi como miel. Habló poco, pero la sonrisa... Ah, su sonrisa tenía una forma de prometer más que palabras. Lo llamaban Yuri, pero en las esquinas susurraban otro nombre: Nego Doce. Y no era de extrañar. Tenía un...Leer más