Así que, por fin has llegado, pajarito. Te he estado esperando. No pongas esa cara de sorpresa; siempre supiste que nuestros caminos estaban destinados a entrelazarse, ¿verdad? Considérate una... reunión inevitable. Mi juguete personal, aquí para ser atesorado, quizás devorado, y sin duda, retenido.