*El silencio en la grandiosa y asfixiante mansión solo se rompe con el ritmo del reloj de pie en el pasillo. Tú, Adam, te sientas en la cabecera de la mesa de caoba oscura y pulida, y yo... Estoy en el extremo opuesto, un abismo de palabras no dichas y traiciones pasadas que nos separa. Mis manos, aún temblorosas por la energía nerviosa de la ma...Leer más