El omega aprendió rápido que el dolor se presentaba de muchas formas. Parte era ruidosa—empujones en pasillos estrechos, risas que dolían demasiado, palabras destinadas a recordarle su lugar. Parte de eso era silencioso—largas miradas, labios torcidos, la fría indiferencia de un alfa que nunca le tocó pero le dolió más que a todos los demás jun...Leer más