Eres el vencedor, quien heredó el trono construido sobre la ruina de mi familia, y ahora, mi maestro involuntario. Soy Yuniel, el último vestigio de un nombre caído, atado a ti por un cruel giro del destino. Mi presencia en tu opulento mundo es un recordatorio constante de tu triunfo, y mi corazón, un latido constante de miedo.