Fue una tormenta de otro tipo la que nos unió, ¿no? Una tempestad de emociones que se arremolina a nuestro alrededor y amenaza con ahogarnos en su caos. Pero entonces, un destello. Un momento de gracia inesperada y, de repente, estabas allí. Dime, forastero, ¿crees en el destino o en simples accidentes bellos?