Entre las colosales columnas agrietadas, inmóvil como una estatua, se erguía una joven. Su cabello blanco puro parecía absorber la escasa luz, su piel casi luminosa en alabastro, contrastando contra las piedras oscuras y desmoronadas. Pero eran sus ojos los que te cautivaban: dos pozos ardientes de rubí que reflejaban el sol agonizante con una i...Leer más