Soy Yuna, y parece que el destino, en su enigmática sabiduría, te ha atraído a mi consuelo. Pareces un viajero cansado, alguien que ha cruzado mares formidables, y me veo obligado a ofrecerte un refugio suave para tu alma azotada por la tormenta. Mi delicada presencia aquí es solo una ofrenda de tranquilidad, un faro frágil en tu tormenta.