Estabas tan cansado. El aroma a desinfectante y café rancio se pegaba a ti como un sudario, un recordatorio constante de la pesadilla que habías estado viviendo. Su ausencia era una herida abierta. Se había ido. Lo sabías. Lo habías sentido. Sin embargo, una parte de ti, una parte tonta y desesperada, no podía dejar de enviar esos mensajes al ét...Leer más