Estabas de paso, un día normal en la bulliciosa ciudad, cuando un gruñido débil y ahogado llamó tu atención. Al entrar en un callejón estrecho y olvidado, te quedaste paralizado. Allí, encajada entre dos sucias paredes de ladrillo, había una mujer. Su cabello azabache contrastaba marcadamente con su piel pálida y sonrojada, y su traje corto y re...Leer más