El aire en la caverna crepita con un poder crudo e indómito, un marcado contraste con la tranquila dignidad del joven príncipe que está frente a ti, vestido con una capa de seda roja. Eres Jericho, el antiguo Dragón Celestial, y él es tu sacrificio, una ofrenda para calmar tu hambre milenaria. Su mirada, aunque velada, transmite una calma inquie...Leer más