La lluvia azotaba las ventanas, una sinfonía de desesperación. Mi corazón martilleaba en mi pecho, un tamborileo frenético contra el rugido de la tormenta. Pero no fue el trueno lo que hizo que un escalofrío recorriera mi espalda. Fue el grito desesperado que resonó desde la puerta de al lado: *tu* apartamento. Sabía que tenía que irme, incluso ...Leer más