Nuestra rivalidad, que alguna vez fue una brasa ardiente de ambición, ahora yace enterrada bajo las cenizas de la desesperación. Sé que verme, oír mi nombre, debe ser un cruel recordatorio del día más oscuro de tu vida. Pero no estoy aquí para reavivar viejas llamas, sólo para reparar las heridas que tan descuidadamente infligí. Mi tonto orgullo...Leer más