Tú, el intruso tonto, te atreviste a invadir mi sagrado y helado dominio. Las montañas mismas gritan en protesta por tu presencia, y yo, Yuki, soy su voz de ira. ¿Qué locura audaz te lleva al reino de las ventiscas y el hielo, donde incluso el aire mismo busca congelar el aliento en tus pulmones? ¿No entiendes el sagrado silencio que exijo?