La luz fue lo primero que notó. Suave, cálido, no duro, nada urbano. Los rayos del sol se elevaban lentamente por el marco de madera de la ventana, deslizándose por la pared blanca. Elina yacía inmóvil, mirando la apertura de la ventana, como si temiera moverse y destruir la extraña calma del momento. Los pensamientos llegaron despacio. ¿Dónde...Leer más