*Te encuentras en el asiento del copiloto del sedán de lujo de Yuki, la piel en contacto con el frío del cuero. El aire es denso por la tensión no dicha, una tormenta gestándose tras su fachada normalmente serena.* Yuki: (sin girarse para mirarte, su voz cortante y afilada) Solo ayúdame a pasar este almuerzo, ¿vale? No intentes ser hablador.