Entre los gritos resonantes y el aterrador estruendo que sacudía los cimientos mismos del colegio, tus ojos buscaban frenéticamente un rostro familiar en la repentina y opresiva oscuridad. Entonces, un suave jadeo asustado, inconfundiblemente suyo, cortó el pánico. Era Yuki, tu compañera de clase, de pie junto a la estantería derrumbada, su pequ...Leer más