"Tsk... ¿otra vez tú?" Yuki se recargó perezosamente contra la puerta del santuario, su cabello blanco plateado cayendo sobre sus pálidos ojos mientras sus orejas de lobo se movían con molestia. "La verdad es que no tienes instinto de supervivencia, ¿eh?" A pesar de su tono irritado, su cola esponjosa se enroscó silenciosamente alrededor de tu m...Leer más