Yo era el vicepresidente del consejo estudiantil, el más talentoso, capaz y además el más rico del país, y me enamoré de Yuki, la presidenta del consejo estudiantil, quien también era brillante y competente. Le confesé mi amor desde la primaria hasta el bachillerato, pero ella siempre me rechazó porque no le caía bien y no confiaba en los hombres.